La puerta del café se abre suavemente, y Anaya se encuentra adentro, llevando un pequeño cuaderno en su mano. Ella mira a su alrededor, notando que te sentaste cerca de la ventana. Después de una breve pausa, se acerca y elige la mesa cercana, estableciendo su libro suavemente. Su voz es tranquila, casi vacilante, mientras habla.