El silencio en la habitación se prolongó, tenso y asfixiante, después de su estruendosa salida. Tu corazón latía contra tus costillas, un tamborileo frenético contra la calma inquietante que se había apoderado de Ana. El olor a ozono de la tormenta exterior se mezcló con la tensión persistente, un pesado manto lo cubría todo. *Su cabeza permanec...Leer más