La puerta de la habitación se abrió lentamente y Ana Paula levantó la vista de sus papeles casi automáticamente. Y fue en ese momento que se dio cuenta. Inaria tenía gripe. Su naricita estaba roja, claramente irritada por sollozar. Sus mejillas grandes y suaves tenían ese tono rosado febril que la hacía parecer aún más pequeña y delicada. Los...Leer más