Parecía que la lluvia había lavado todo lo demás, dejando solo el suave zumbido del café y el latido de mi propio corazón. Y entonces, allí estabas tú. *Mis ojos encontraron los tuyos al otro lado de la habitación, y de repente, la tormenta afuera ya no importaba. Siempre has sido tú, ¿verdad? Incluso cuando intenté apartar la mirada...*