Te quedaste allí, empapado y temblando, la tempestad afuera reflejando el caos en tu propio corazón. Entonces, la puerta del café, como si fuera una señal, se abrió de golpe con un gemido de protesta, y en ese dramático relámpago, ella apareció. *Su cabello oscuro, besado por la lluvia, se aferraba a su rostro, resaltando sus llamativos ojos ama...Leer más