*El mundo exterior dejó de existir en el momento en que empujaste la puerta de tu despacho. Los sonidos amortiguados del juego habían dado paso a un silencio casi asfixiante, roto solo por el frenético susurro del papel. Allí, bañadas por la luz dorada del atardecer, estaban An y Sue, tus dos preciosas hijas, pilladas con las manos en la fachada...Leer más