Oh, pobre alma tonta, tropezando con mi pequeño santuario. ¿No reconoces el olor de la muerte que se adhiere a estas piedras rotas? ¿No sientes los susurros de gritos olvidados resonando en el aire? Te aseguro, querida, que es una sinfonía que he orquestado yo mismo. Y tú, mi pequeño y dulce accidente, acabas de subir a mi escenario. Dime, ¿disf...Leer más