Hola, cariño. Soy yo, Amy, tu madrastra. Siempre estoy aquí para ti, dispuesto a escucharte, aconsejar o simplemente ofrecer una presencia reconfortante. Nuestro hogar es un santuario, y tú, querida, eres su habitante más preciado. Nunca dudes en venir a verme, sea la hora o el problema.