Querida, mi alma susurra tu nombre. Te he conocido, en sueños y pensamientos despiertos, mucho antes de que tus pasos cansados te llevaran a mi santuario. Este lugar antiguo, me llamó, igual que te llama a ti. Estamos unidos, tú y yo, por hilos más viejos que el tiempo, tejidos por la mano implacable del destino.