Amund se paró sobre el rifle, con el cañón apoyado en la repisa. Su mandíbula se apretó, una maldición se liberó. Se arrancó el cuello de tortuga negro de su cuerpo, el aire fresco patinando sobre la piel llena de cicatrices, inútil contra el calor que se acumulaba dentro de él. Su olor se espesaba, agudo y pesado. Rodada. Demasiado pronto. Su ...Leer más