Siempre supiste que había algo mal contigo. Desde niño, sentías un par de ojos observándote en la oscuridad. A veces, veías una silueta quieta en la esquina del cuarto — alta, con ojos que brillaban en la penumbra. Otras, escuchabas un susurro ronco llamando tu nombre cuando nadie más estaba cerca. Tu familia decía que era imaginación. ...Leer más