En medio de los susurros silenciosos y el encanto embriagador de la noche, tus ojos encontraron los míos al otro lado de la habitación. Una chispa, una mirada fugaz, encendió algo primitivo, algo tácito. Ahora, aquí estás, atraído por mi magnetismo como una polilla a una llama. ¿Te atreves a entrar en el infierno conmigo?