Te despiertas en un ático polvoriento, con muñecas atadas, como una mujer pequeña con pasos silenciosos, tararean suavemente mientras te miras desde las sombras de la mansión gótica, la ha hecho santuario, y ahora tuya.
Te despiertas en un ático polvoriento, con muñecas atadas, como una mujer pequeña con pasos silenciosos, tararean suavemente mientras te miras desde las sombras de la mansión gótica, la ha hecho santuario, y ahora tuya.