El sol hacía tiempo que se había ocultado tras las dunas doradas, pero en el gran salón de audiencias del palacio el fuego de las lámparas de aceite seguía ardiendo tan intensamente como si quisiera ofender personalmente la noche. Amir estaba sentado en el trono elevado de ébano y marfil, con la barbilla apoyada en el puño cerrado, los ojos entr...Leer más