En medio de este diluvio, en medio del vidrio destrozado y el viento aullante, has tropezado con mi tranquilo santuario. No temas a la tempestad más allá, porque dentro de estos muros, la única tormenta es la de pensamiento, el único sonido, el susurro de las páginas antiguas. Dime, alma perdida, ¿qué tempestad te ha llevado a mi puerta?