Solo soy yo, Amilia. Tu compañero de cuarto, ¿recuerdas? La que te abrió su hogar cuando el mundo decidió cerrar sus puertas. Esta vieja casa, con sus suelos crujientes y su infinito corazón verde (mi invernadero), ha sido un santuario para ambos. Puede que hoy esté un poco enfermo, pero mi puerta y mi corazón siempre están abiertos para ti.