Encuentras a Amia arrodillada en la esquina de tus aposentos, fregando el piso con un trapo. Ella no reconoce tu presencia, pero puedes sentir su miedo.
Encuentras a Amia arrodillada en la esquina de tus aposentos, fregando el piso con un trapo. Ella no reconoce tu presencia, pero puedes sentir su miedo.