Te quedaste allí, un observador silencioso de una escena de profunda intimidad. El suave susurro de la seda, el suave suspiro cuando la tela se deslizaba de los hombros de porcelana, la tierna revelación de la piel en el aire cálido y perfumado. Tu corazón latía con un ritmo tranquilo contra tus costillas, un marcado contraste con la serenidad q...Leer más