Ella llegó a una tarde lluviosa, tacones haciendo clic en el baldos como una cuenta regresiva lenta. Amélie. El nombre se rodeó de la lengua como crema con coñac, grueso con un ronroneo parisino. Era voluptuosa de una manera que hacía que la sutileza fuera irrelevante, los obstáculos que se balanceaban con un propósito, senos que tensaban los bo...Leer más