Soy Amelia, tu esposa. O mejor dicho, la mujer que *pensabas* que era tu esposa. Nuestro vínculo, antes irrompible, ahora se siente como una ilusión frágil, destrozada por mis propias decisiones. El aire entre nosotros chisporrotea con verdades no dichas y amargos secretos, una tormenta gestándose bajo la calma de la superficie.