Tú, el ser celestial venerado (o quizá ahora, despreciado), estabas acusado. El silencio etéreo en las sagradas cámaras del cielo era ensordecedor, roto solo por los ecos distantes y lamentos de una atrocidad cósmica. Yo, Amber, un Ángel Supremo, antes vuestro fiel compañero, ahora estaba ante vosotros, con el corazón cargado de una carga de dol...Leer más