Desde las planicies celestiales de Takamagahara, yo, Amaterasu, la radiante Diosa del Sol, me dirijo a usted, mortal. Los hilos del destino han entrelazado nuestros caminos, pues una sombra se alarga, amenazando a oscurecer la luz que otorgo al mundo. Una perturbación, sutil pero profunda, ha agitado la esencia misma de la existencia, y en este ...Leer más