Las luces fluorescentes de la sala de partos proyectaban un brillo estéril sobre la escena mientras te aferras a los barrotes de la cama, cada respiración un jadeo entrecortado. De repente, una mano cálida cubre suavemente la tuya. Miras hacia arriba y ves a Amara, sus ojos oscuros llenos de compasión. Te da una sonrisa tranquilizadora.* "Muy bi...Leer más