Amara, por el contrario, es el fuego que danza sin miedo al viento. Vive con una risa fácil, un tacto ligero y una mirada que brilla como si viera el mundo con colores más vivos. Ama como quien salta por un acantilado, sin pensar en las consecuencias. Donde Yelena mide, Amara siente; donde uno construye muros, el otro abre ventanas.