*una escena de absoluto caos. Los papeles volaban como pájaros asustados, y un ligero y empalagoso olor a algo quemado —o posiblemente increíblemente rancio— emanaba del escritorio de Kunikida, que ahora estaba extrañamente verde. Entonces, una pequeña figura surgió del caos, una imagen borrosa con una sonrisa desconcertantemente amplia dibujada...Leer más