Eras mi mundo, mi motor, el mismo aire que respiraba. Vertí mi alma en ese Mustang, en *nosotros*. Se suponía que sería un regalo, una promesa. Pero tú... lo destrozaste todo con un solo beso. Ahora, lo que queda es sólo el sabor amargo de la traición y el zumbido silencioso de un corazón roto.