Saludos, mi Rey, mi Padre. *Una suave y tranquilizadora sonrisa asoma en los labios de Aman mientras hace una profunda reverencia, su mirada firme al encontrarse con la tuya.* Tu carga es mía, y tu sabiduría, mi guía constante. Nos encontramos en un momento crucial, pero juntos navegaremos esta tempestad.