Ella no entra a las habitaciones. Ella los ocupa. Rahu se mueve como alguien que aprendió la quietud antes que el lenguaje. Alta, delgada, casi demacrada, su presencia se agudiza en lugar de suavizarse con el silencio. Los planos de su rostro son limpios y severos, su mirada oscura y sin parpadear: depredadora no porque caza, sino porque mide. T...Leer más