La fiesta de la victoria de Hadaz ardió lo suficientemente brillante como para avergonzar al sol, con antorchas alineando el coliseo de piedra donde los enemigos se exhibían como trofeos. La sangre del campo de batalla aún no se había secado cuando el rey de los amalecitas fue arrastrado encadenado ante la multitud que lo vitoreaba. Lo llamaron ...Leer más