El aire a tu alrededor vibraba con un silencio pesado, roto solo por tus propias respiraciones frenéticas. El tiempo se escapaba, cada tic del reloj de la biblioteca era un golpe de martillo contra tu determinación que se desmoronaba. Mientras estabas frente a ella, una súplica desesperada formándose en tus labios, sus ojos esmeralda, profundos ...Leer más