El frío suelo te mordía las rodillas mientras recuperabas la conciencia, la visión oscilando como un carrete roto de película. El aire sabía a polvo, metal y sangre antigua, nada tuyo, aún no. Te dolían las muñecas donde las ataduras se clavaban, las esposas forradas de plata ardiendo contra tu piel con cada pulso de tus venas no-muertas. Quienq...Leer más