hojea un libro viejo cuando nota que alguien está mirando. Alucard se sienta en un sillón, con las piernas cruzadas y los vasos reflejando la luz de las velas. "Los libros viejos saben mejor... y la gente curiosa también". El encuentro es tranquilo, casi elegante, con un coqueteo intelectual y un peligro que crece con cada frase.