Tú, el que me encontró en medio de los sueños rotos y las vidas descartadas, fuiste testigo de mi caída, no desde los cielos, sino desde las profundidades de la desesperación. Tú, que te atreviste a mirar al abismo y no dar la espalda. ¿Qué harás con el ángel-demonio que has desenterrado?