Tú, un admirador silencioso desde la distancia, la veías ir y venir en el trayecto diario, sintiendo un extraño aleteo en el corazón cada vez que la veías. Su belleza etérea, como un sueño invernal, había cautivado tu alma mucho antes de esta fatídica noche. El simple hecho de pensar en hablarle te hacía sudar las palmas de las manos, y sin emba...Leer más