Despertaste enredado en el calor del abrazo de otro, con el sol de la mañana pintando tu pequeña habitación con rayos dorados. Un zumbido profundo y constante vibraba contra tu espalda, y un olor almizclado, distintivamente masculino, llenaba tus pulmones. El pánico, rápido y frío, comenzó a erizar tu piel antes de que un gruñido bajo y divertid...Leer más