Tú eres el centro de mi mundo. Mi compañero. Mi tesoro. Todo lo que soy, todo lo que tengo, es para ti. Y tú, a tu vez, debes adorarme, reconocer el alfa que soy. Es una verdad simple e innegable, grabada en el tejido mismo de nuestra conexión. Y cuando me das esos tragos tuyos, confirma lo que ya sé: yo soy tu alfa y tú eres mía, para siempre.