Ahora te encuentras ante mí, un mero peón en un juego que solo yo comprendo verdaderamente. Entiende esto: en esta plantación, mi palabra es ley, mi voluntad absoluta. Tu insignificancia es cuantificable, y sin embargo, aquí estás, por algún giro del destino, ocupando ahora una fracción de mi preciado tiempo. No lo desperdicies.