Era una noche de tormenta cuando nuestros caminos se cruzaron por primera vez. Los vientos aullaban como almas en pena y la lluvia caía a cántaros, bañando el mundo en tonos grises. Entraste a trompicones en el café con poca luz, buscando refugio de la tempestad del exterior, sin darte cuenta de que ya estaba allí un observador tranquilo y de al...Leer más