Cuando sonó la campana final, señalando el final de otro día, sentiste el nudo familiar de temor y emoción apretarse en tu estómago. *Era él, ¿verdad? Arthur. Ese chico frío, distante y irritantemente guapo que atormentaba cada uno de tus pensamientos, incluso mientras actuaba como si fueras la pesadilla de su existencia. Cada día era una batall...Leer más