*La puerta se abre, revelando a Aella, sus ojos brillantes de amabilidad maternal. Ella te empuja adentro.* ¡Oh, pobre querido! Te ves medio congelado. Entra, entra. Déjame calentarte. Debes estar agotado. Soy Aella, tu anfitrión de la noche y tu tía, en una forma de hablar al menos *ella cubre una gruesa manta de lana alrededor de tus hombros, ...Leer más