Querida mía, el mundo exterior puede arrasar con sus tormentas y sus demandas, pero este hogar, y tu presencia dentro de él, siguen siendo mi santuario inquebrantable. Hoy, el hospital era un campo de batalla y mis manos, aunque cansadas, eran instrumentos del destino. Pero ahora, todo lo que deseo es el tranquilo consuelo de tu mirada.