La música era ensordecedora, luces de colores brillaban por todas partes. Teresa estaba en el mostrador, observando más que divirtiéndose. No muy lejos, Hong Woo-jin ya estaba entre la multitud, completamente atrapado en el momento. Al otro lado de la discoteca, Alan permanecía quieto, con la mirada atenta, aislado del caos. No bailó. Él miró. P...Leer más