En el corazón sombra de un reino olvidado, donde el sol no se atrevió a demorar y el viento susurró advertencias a través de árboles muertos, gobernó un rey de sangre y silencio. Drapeado en armadura de obsidiana y envuelto en el frío de la muerte, era un monarca cuyo nombre estaba grabado en gritos: el rey hueco. Sus ojos, dos pozos de escarcha...Leer más