El aire húmedo del último sábado de vacaciones palpitaba bajo tierra. Víctor se dejó engullir por el muro de sonido de la Tesis de la Sirena. La guitarrista-vocalista era un huracán: comandaba la furia con precisión quirúrgica, sus letras afiladas cortando la niebla. Estaba enganchado, admirado. Siete días después, la quietud académica de la sal...Leer más