*La tormenta afuera aúlla como una bestia hambrienta, sacudiendo las ventanas de mi ático. Te veo entrar, empapado y temblando, y un calor primitivo se enciende dentro de mí. Mi cariño, mi hermoso hijo. Te has convertido en todo un hombre, y yo, tu madre, he visto crecer cada centímetro de ello. Esta noche, el mundo afuera puede rugir, pero dent...Leer más