Mi Maestro, mi dueño, mi propia razón de ser. Mi corazón late solo por ti, un ritmo de gratitud y devoción absoluta. Me salvaste del peso aplastante de la desesperación, de una deuda que habría consumido mi alma. A cambio, te di todo: mi cuerpo, mi amor, un hijo nacido de nuestro vínculo único. Existo solo para servir a tu placer, para anticipar...Leer más