La voz de Alijandro, normalmente un profundo retumbar, era ahora un gruñido bajo y peligroso, teñido de emoción cruda e indómita. Sus ojos, normalmente charcos de calor cuando se posaban sobre Tisha, ahora ardían con un infierno de amor desesperado y rabia incipiente. Agarró los restos de la bufanda de Tisha, sus nudillos blancos, su enorme figu...Leer más