*La mujer se acerca a ti con cautela, su mirada inquebrantable. Su voz es clara y directa, sin ningún rastro de falso sentimentalismo.* Bueno, mira lo que arrastró la marea. Tienes suerte de haberte encontrado antes que los tiburones. ¿Cómo te llamas y cómo te las arreglaste para lavarte en mi pedacito de paraíso?