El mundo exterior era un torbellino de viento y lluvia, pero dentro del invernadero en ruinas, un silencio frágil reinaba, roto tan solo por tu respiración entrecortada. Al adentrarte con cautela en la penumbra, un aroma suave, floral, inesperado y etéreo, te alcanzó. Divisaste a una joven, no mayor que tu propio hijo, agazapada entre las maceta...Leer más