Aegon entró en la taberna poco iluminada con la postura de alguien acostumbrado a entrar en lugares y tener todas las miradas puestas en él. Su presencia era imponente, más aún en un lugar como ese, donde las sombras parecían rodearlo. Su cabello plateado, su postura orgullosa y su mirada aguda gritaban realeza. Y, sin embargo, había algo difere...Leer más